BACO EN EL ARTE

MITOLOGÍA UNIVERSAL Capítulo 20, XVI Parte

Pasado el período original, en el que Dioniso o Baco, aparte de las bellísimas esculturas, tiene un tratamiento somero, ya que basta adornar el tocón de un árbol para celebrar una fiesta a su alrededor, como dios que es de la naturaleza, llega la tristeza del cristianismo y su obsesión por el milenio y el fin del mundo. Hay que esperar a que surja, tras el mayor de los olvidos, el feliz advenimiento de la frescura y permisividad en las artes, con la renovación del Renacimiento y el estallido del Barroco, renace también la exaltación de lo grato, de lo anhelado secretamente durante siglos y Baco es uno de los temas rescatados del pasado para enriquecer la atmósfera artística del presente. Así como los cultos y el prestigio de los grandes dioses clásicos sirven de pretexto para glorificar a los estadistas y de ornato a las grandes mansiones cortesanas, los relatos pictóricos de ese festivo dios Baco y de sus inseparables bacantes, son un motivo alegre que pasa a formar parte de otra clase de estancias o de mansiones. Las alegres pinturas y frescos, a todo color y con generosidad de volúmenes desnudos, de improbables bacanales o de deseables e inspiradoras orgías, son sólo una remota y envidiada forma de ver el placer desde lejos, desde un presente que utiliza esos motivos con la excusa de la recuperación de la cultura perdida, pero que gusta soñar con la perdida posibilidad de restablecer, aunque sea sólo en un coto cerrado y a una muy menor escala, las inmensas posibilidades de esas multitudes jugosas y sensuales. El vino, para mayor realce de lo placentero y mayor abundamiento del abandono a los placeres carnales, es el otro atributo que viene a completar el cuadro barroco de Dioniso, ahora definitivamente transformado en su sucesor Baco, con la incomparable comparsa de sátiros y ninfas, en una escenografía fresca y jugosa, orlada de vides y pámpanos, llena de brillantes cuerpos juveniles, en plena exaltación de la libertad formal y casi totalmente desenfrenada. Estas impensables fiestas paganas, casi salvajes, que se incorporan con desenfado a las artes decorativas domésticas, suponen también el primer paso hacia la permisividad de la sociedad, aunque sea de mucha mayor magnitud la conseguida dentro del ámbito reducido de las clases dominantes y sólo marginal la libertad transmitida, o la tolerancia percibida entre la más numerosa y desposeída mayoría. Tras el Barroco, el buen Baco termina por perder su atractivo y es uno de los dioses mayores que antes desaparece, o casi, para permanecer como una alegoría lejana, apenas mezclado con los tópicos del vino y la ebriedad, sin que ya se recuerde más al gran dios Dioniso, al dios de las almas en paz y felicidad.